5 de junio de 2010
Sra. Irina Bokova, Directora General de la UNESCO
Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente 2010, celebramos el tema "Muchas especies, un planeta, un futuro". En el día de hoy y a lo largo de este año -Año Internacional de la Diversidad Biológica- celebramos la diversidad en la Tierra. En esencia, la diversidad biológica es la diversidad de todas las formas de vida. La diversidad se expresa también mediante la diversidad cultural y las dos están inextricablemente vinculadas.
La diversidad biológica sostiene e inspira nuestras culturas y nuestros sistemas de creencias. Y nosotros, a la vez, configuramos la biodiversidad. Por ejemplo, mediante la biodiversidad agrícola hemos obtenido una inmensa variedad de cultivos y animales de granja de los cuales depende la vida humana. Hemos desempeñado un papel esencial en la configuración de otro nivel de la diversidad biológica, los paisajes terrestres y marítimos, algunos de los cuales se reconocen hoy día como patrimonio común de la humanidad, gracias a su belleza singular, sus formas de vida autóctonas y su contribución tanto a la naturaleza como a la cultura.
¿Por qué debemos proteger esa diversidad? En primer lugar y sobre todo porque es una cuestión de sostenibilidad. La diversidad biológica garantiza la existencia de ecosistemas con capacidad de recuperación que contribuyen a los recursos de los que depende nuestro bienestar. De modo análogo, la diversidad cultural es un ingrediente esencial de la organización y la estabilidad social, y es además la base de la variedad de prácticas que permiten el acceso a los recursos vivientes y su utilización.
La ciencia ha demostrado que los seres humanos, como especie, formamos parte integral de la diversidad biológica. No estamos por encima de las leyes de la naturaleza y tenemos la obligación moral de preservar la diversidad biológica de la que formamos parte.
En el Día Mundial del Medio Ambiente debemos pensar en lo que podemos hacer concretamente para proteger el medio ambiente y el planeta. Creo que en este Año de la Diversidad Biológica 2010 podríamos emprender varias actividades que tendrían repercusiones positivas duraderas.
Podemos redoblar los esfuerzos que científicos y personas de todo el mundo realizan actualmente con miras a descubrir, nombrar, describir y clasificar los organismos naturales. En esta época de cambios mundiales, la mejor manera de elaborar estrategias para la conservación de la diversidad biológica consiste en estudiar la cambiante distribución geográfica de las especies y la manera en que ésta se verá afectada por fenómenos como el cambio climático, por ejemplo.
Podemos reconocer de manera cabal y eficaz la importancia de la contribución de los conocimientos indígenas y tradicionales al promover el intercambio dinámico de información y conocimientos técnicos en apoyo de la conservación de la diversidad biológica y la salud de los ecosistemas. Podemos reconocer más enérgicamente la función que las mujeres cumplen en la elaboración y transmisión de conocimientos específicos acerca de la biodiversidad y el papel que desempeñan en la gestión y la adopción de decisiones en este ámbito.
Podemos preservar muchas más zonas que son importantes para la diversidad biológica, en la tierra y en el mar, teniendo en cuenta las aspiraciones y los puntos de vista de distintos sectores sociales. Podemos tratar de estrechar los vínculos entre las ciencias de la biodiversidad y las políticas. Estas son las principales orientaciones de acción que dimanaron de una importante conferencia sobre las políticas científicas que la UNESCO acogió con motivo de la inauguración del Año Internacional de la Diversidad Biológica.
Creo sinceramente que el futuro de la diversidad biológica está en gran medida en nuestras manos.
La biodiversidad es la vida, es nuestra vida, como nos lo recuerda el lema del Año Internacional. En este Día Mundial del Medio Ambiente 2010, procedamos de modo que nuestros actos demuestren que comprendemos su importancia.
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