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Perú, 12 de octubre de 2008   

Ha llegado la hora de combatir la malaria


Ban Ki-moon
Ban Ki-moon

Por: Ban Ki-moon

En cuanto a guardias de seguridad, los míos son relativamente imperturbables. Rara vez se inmutan ante grupos turbulentos o focos de tensión después de un conflicto. Sin embargo, un día, cuando viajaba por África oriental el año pasado, entré en una nube de mosquitos. Los rostros de mis acompañantes me hicieron comprender que una guardia de seguridad no podía contender con una amenaza inerme tan diminuta.

La malaria es una causa de muerte implacable. En el tiempo que lleva leer este artículo, se habrá cobrado la vida de seis niños más. Anualmente, hasta 500.000 millones de personas se enferman de malaria. Más de 1 millón pierden la vida.

Los expertos dicen que la malaria desacelera el crecimiento económico en África hasta el 1,3% por año, traba el desarrollo y tiene un costo de decenas de miles de millones de dólares en concepto de productividad perdida. En los países donde es particularmente aguda, es común que la malaria consuma hasta el 40% del presupuesto de sanidad del Estado. Esta situación tiene un efecto paralizante sobre la sanidad social, el bienestar y el desarrollo.

La situación es inaceptable, tanto más cuanto que la malaria es prevenible y tratable.

La comunidad internacional ya ha vencido otras pandemias letales. Se ha erradicado la viruela. Estamos ahora en la etapa final de la erradicación de la poliomielitis. No vamos a poder erradicar enteramente la malaria en forma inmediata. Pero podemos controlarla y reducir extraordinariamente sus estragos, si mancomunamos nuestra acción.

El 25 de abril, la comunidad internacional conmemora el primer Día Mundial de la Malaria. El 25 de abril, el sistema de las Naciones Unidas y sus asociados lanzan una gran iniciativa internacional para ampliar nuestra lucha antimalárica.

Es la primera vez que la comunidad internacional emprende una actividad de control en gran escala. Aunque ha habido iniciativas que han producido algún progreso, la falta de recursos para una cobertura universal nos ha obligado a restringir fundamentalmente nuestro esfuerzo a los niños pequeños y a las madres embarazadas, los dos grupos que corren el mayor riesgo de mortalidad. Hemos salvado vidas, pero también hemos dejado a un gran número de personas desamparadas frente al flagelo, y ello ha servido para mantenerlo vivo y difundirlo entre la población. En consecuencia, la malaria sigue siendo endémica en todo el África al sur del Sáhara, Asia, América Latina y el Caribe.

El éxito en la lucha antimalárica requiere solamente la distribución general de mosquiteros y medicinas, junto con un rociamiento residual apropiado en interiores. Cuesta menos de 10 dólares comprar y distribuir mosquiteros impregnados de insecticida, que duran hasta cinco años. Con esa sencilla inversión, los gobiernos brindan protección por cinco años. Los beneficiarios pueden ir a la escuela, trabajar y contribuir productivamente a la sociedad.

Es difícil pensar en 10 dólares mejor gastados. Pruebas al canto: Etiopía ha reducido en 50% la tasa de mortalidad por malaria en la niñez en los últimos tres años. Rwanda redujo en dos tercios la mortalidad en la niñez. Ambos países distribuyeron millones de mosquiteros impregnados de insecticida de larga duración y medicamentos antimaláricos a los necesitados.

Ahora tenemos que ampliar nuestra acción a todos los países afectados. Por esa razón, junto con la iniciativa “Hacer retroceder la malaria” y mi nuevo Enviado Especial para la Malaria, el Sr. Ray Chambers, propongo una visión audaz, pero viable. Nuestro objetivo es poner fin a las muertes causadas por la malaria mediante una cobertura universal en África para el fin de 2010.

Para ello, hay que suministrar a todos los habitantes en riesgo en África mosquiteros impregnados de insecticida y rociamientos residuales en el interior de los hogares. Análogamente, todos los establecimientos de salud pública deben tener acceso a tratamientos y diagnósticos efectivos para la malaria. Tiene que haber, también, un tratamiento especial para las mujeres embarazadas en regiones con una elevada incidencia de malaria. Hay que fortalecer y expandir los medios para prestar estos servicios, en particular por medio del personal sanitario en las comunidades. Habiendo todavía tantas defunciones por causa de la malaria, es esencial también que prosperen las actividades de investigación y desarrollo para el control, la eliminación y la erradicación de la malaria a más largo plazo.

África es la región donde se produce el mayor número de defunciones por malaria, pero no podemos limitarnos a ese continente. El mosquito de la malaria, como otros problemas de nuestro mundo globalizado, no reconoce fronteras.

Hay que proveer recursos en forma sistemática para que los países, a más de planificar las actividades antimaláricas, puedan sostenerlas por varios años. Nuestros asociados tradicionales, el Banco Mundial, el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria y las naciones donantes deben aportar financiación, con el apoyo del sector privado. Los países en que la enfermedad es endémica tienen que instituir planes para lograr la cobertura universal y los donantes deben responder con una financiación oportuna y previsible en los próximos meses.

Poner fin a la mortalidad por malaria insuflará nueva vida a nuestra campaña más general por erradicar la pobreza, de una vez para siempre. Este es uno de los principales objetivos de desarrollo del Milenio, la visión que adoptaron todos los gobiernos del mundo para construir un mundo mejor en el siglo XXI. Poseemos los recursos y los conocimientos especializados. Pero nos quedan menos de mil días antes del fin de 2010. Pongamos, pues, manos a la obra.

*El autor es el Secretario General de las Naciones Unidas.

 



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